En el imaginario colectivo, el perfil del migrante que viene a España de forma irregular es el de un varón joven subsahariano que arriba en patera a nuestras costas. Pero cada vez son más las mujeres que llegan en estas precarias embarcaciones. En las últimas semanas, han llegado a las Islas Chafarinas cuatro pateras ocupadas exclusivamente por féminas y por niños, colectivos vulnerables a los que no se les aplica el acuerdo de readmisión entre España y Marruecos.
Si detrás del periplo migratorio de un hombre se esconde un laberinto de dificultades y obstáculos, para las mujeres la odisea se complica y muchas de ellas se ven envueltas en redes de tratas y sufren abusos y violaciones por el largo camino hasta que pisen suelo europeo.
Es necesario que se investigue sobre este fenómeno y se forme a las personas que las atienden al llegar a nuestro país. Quizás solo estamos viendo la punta del iceberg de una realidad muy invisible y que necesita mucha investigación para luchar contra ella. Sin caer en el paternalismo ni victimizando a estas mujeres, pero hay que procurarles la atención especializada que necesitan para que puedan ver la luz.
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