Editorial

Una fiesta para todos

Ha sido una fiesta para enmarcar. El photocall de la explanada de San Lorenzo, todo un acierto. Tenemos no sólo que repetir esta forma de hacer las cosas sino trasladarla a todas las celebraciones de la ciudad. Tenemos motivos de sobra para sacar pecho de nuestra multiculturalidad.

El líder de Adelante Melilla, Amin Azmani, envió ayer una felicitación a la comunidad musulmana en la que más allá de saludar y desear paz por la Pascua Grande hacía hincapié en que el Aid Al Kebir es una celebración para toda Melilla.

Y ese es uno de las columnas que sostienen la convivencia en nuestra ciudad y también uno de los motivos que explican por qué las manifestaciones radicales apenas tienen seguidores aquí. Y da igual de cuál de los extremos hablemos. Son solo unos pocos que hacen uso de su derecho ciudadano a manifestarse, pero su protesta no tiene mayor relevancia porque la mayoría de los melillenses está en lo que tiene que estar: en su trabajo, en su familia, en su vida y preocupado por su ciudad.

El Aid Al Kebir es una fiesta de todos y hoy tenemos un festivo convertido en puente largo en el calendario laboral.

Hoy todos nos alegramos de que la organización de la celebración del Aid Al Kebir fuera ayer todo un éxito. No hubo atascos ni embotellamientos ni faltó sitio para aparcar a la salida del rezo colectivo que, por primera vez, se celebra en el centro de la ciudad.

Melillenses no musulmanes aprovecharon para acercarse y ver de cerca la celebración del Aid Al Kebir. Daba gusto ver la Plaza Multifuncional llena de colorido y de caras y gente joven que habitualmente no se ven por las calles del centro.

En los barrios, pasó lo que pasa siempre. Los vecinos de otras culturas terminan degustando las maravillas culinarias de la gastronomía bereber, que les brindan sus vecinos musulmanes. Aquí estamos juntos y revueltos. Y esto último cada vez más. Quienes creyeron que después de dos años de pandemia y de frontera cerrada la mayoría de los melillenses se iba a ir a Marruecos, se equivocó.

Nuestra gente rezó en su tierra y celebró la Pascua Grande con los suyos. Las colas y la arbitrariedad en la frontera no invitaban a amargar un día de fiesta que, como de costumbre, aquí se celebra por todo lo alto.

A pesar de los pesares, nadie ha conseguido empañar la celebración de la fiesta de la mayoría de la población de Melilla. Nadie sabe a ciencia cierta cuántos musulmanes hay en la ciudad, pero nadie discute que la población amazigh es mayoría y además, española de los pies a la cabeza.

Ha sido una fiesta para enmarcar. El photocall de la explanada de San Lorenzo, todo un acierto. Tenemos no sólo que repetir esta forma de hacer las cosas sino trasladarla a todas las celebraciones de la ciudad. Tenemos motivos de sobra para sacar pecho de nuestra multiculturalidad.

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