Categorías: Editorial

Un problema de Estado

En torno a las diez de la noche de ayer dos patrullas de la Policía Local tuvieron que aparcar literalmente en mitad de la Plaza de las Culturas tras ser requeridas por los melillenses que a esa hora se encontraban en las terrazas de los bares o disfrutando con sus hijos.

Según testigos presenciales, seis menores extranjeros no acompañados (menas) estaban incordiando y hasta llegaron, supuestamente, a sustraer un monopatín.
Fue entonces cuando arribaron las dos patrullas y persiguieron sin éxito a los menas por toda la plaza.
Para tranquilizar a las personas que asistieron el ‘espectáculo’, los agentes dejaron una patrulla vigilando la zona para evitar que los menores regresaran y siguieran incordiando.
A preguntas de este periódico, los propios funcionarios de la Policía Local admitieron que estaban convencidos de que al marcharse, los menas volverían.
La llegada masiva de menores extranjeros no acompañados a la ciudad, sobre todo en estas fechas próximas a la feria, nos está desbordando.
El Gobierno de la Ciudad ha hablado en más de una ocasión sobre las limitaciones que tiene una autonomía como Melilla para afrontar la avalancha de menas que es y debe ser una cuestión de Estado.
Por un lado, intentamos borrar el estigma de delincuencia que rodea a los menas y por otro estamos recibiendo día sí y día también, noticias sobre asaltos a punta de navaja en cualquier sitio de la ciudad ¡para robar un teléfono! Hablar por el móvil en la calle se ha convertido en cosa de valientes, teniendo en cuenta que en el primer semestre del año los robos con fuerza e intimidación han crecido un 25% en Melilla.
Con dolor vemos cómo niños que podrían ser nuestros hijos duermen en fuentes de parques públicos, debajo del puente del Tesorillo, beben agua estancada en el río o se cobijan en las escolleras del puerto con la esperanza de poder subir como polizones a un barco. ¿Y no podemos hacer nada?
Poco puede reclamar un Gobierno en funciones a Marruecos de donde procede la mayoría de los menas. Pero ya es hora de que Madrid se tome en serio lo que está sucediendo en Melilla. Estamos desbordados y la ciudadanía, literalmente asustada.

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