Editorial

Un 8M reivindicativo, pero sin unidad

Éste debería ser un día festivo con menos discursos oficiales, menos manifiestos y más unidad. Es triste que tengamos que acudir a la lectura de un manifiesto en cada esquina de Melilla porque nuestros políticos y agentes sociales no son capaces de consensuar un único documento con acuerdos de mínimos en los que coincidan todos.

Melilla se vistió este 8 de marzo de reivindicación, con una marcha que si bien no ha sido multitudinaria, sí ha sido representativa del sentir de una gran parte de las mujeres de esta ciudad que aprovecharon la celebración de su día para reclamar más derechos para "todas, todos los días".

En la manifestación de Melilla Feminista se vieron muchas niñas acompañando a sus madres, hermanas o tías y esta imagen es también un mensaje de esperanza porque nos invita a creer que ellas están creciendo conscientes de su valía y de que los derechos son suyos, no son prestados ni nadie les hace el favor de concedérselos.

El ambiente festivo de la marcha así como la celebración que la viceconsejera Fatima Kaddur organizó para las alumnas de las Aulas de Mayores o los talleres y murales que organizaron las trabajadoras de las escuelas infantiles de Melilla se acercan más al ambiente que debería acompañar siempre la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Éste debería ser un día festivo con menos discursos oficiales, menos manifiestos y más unidad. Es triste que tengamos que acudir a la lectura de un manifiesto en cada esquina de Melilla porque nuestros políticos y agentes sociales no son capaces de consensuar un único documento con acuerdos de mínimos en los que coincidan todos. Brecha salarial, conciliación, formación y empleo son temas universales. Ya casi nadie los discute y deberíamos aprovechar el 8M para pasar revista sobre los avances registrados. ¿Qué hemos hecho en el último año para mejorar lo presente?

No podemos estar eternamente reclamando igualdad si no invertimos más recursos en conciliación. Una madre de familia numerosa o una madre con hijo único tienen una cosa en común: son madres y dedican la mayor parte de sus vidas a cuidar de sus hijos. Por tanto, unas y otras necesitan apoyo para continuar con sus trabajos o con sus estudios. Es ahí donde hay que hacer un esfuerzo y ésta es una de las metas que tenemos que revisar de año en año para comprobar que los esfuerzos se nos escapan por la boca.

Una vez que estén trabajando, habrá que pelear todo lo demás: igual sueldo por igual trabajo; igualdad de oportunidades, etc. Pero la conciliación es fundamental. Lo necesitan todas las mujeres que tienen niños o personas dependientes a su cargo. Ese es el verdadero techo de cristal. Si queremos más niños en España, habrá que repensar los recursos que ponemos a disposición de las familias.

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