Editorial

Trabajo por hacer en la frontera

No hay obras de puesta a punto en Beni Enzar como las que se están haciendo en el Tarajal; no está funcionando el Sistema de Entradas y Salidas de la UE; no tenemos fecha exacta para la puesta en funcionamiento de la frontera inteligente ni para la reapertura de la Aduana comercial y económicamente hablando no se notan en Melilla las bondades de los nuevos tiempos.

Por fin sabemos en detalle en qué consiste el régimen de viajeros en la frontera de Melilla. La Delegación del Gobierno adelantó ayer la orden del Ministerio de Sanidad que entrará en vigor el 8 de junio y que especifica qué productos podemos o no pasar por la frontera y en qué cantidades.

No están claros los motivos por los que la orden se toma una vez reabierta la frontera, teniendo en cuenta que ha habido en medio dos años y dos meses sin tránsito fronterizo y una comisión interministerial trabajando en Madrid en los flecos de la reapertura fronteriza.

De momento no se ven los frutos de esas reuniones. No hay obras de puesta a punto en Beni Enzar como las que se están haciendo en el Tarajal; no está funcionando el Sistema de Entradas y Salidas de la UE; no tenemos fecha exacta para la puesta en funcionamiento de la frontera inteligente ni para la reapertura de la Aduana comercial y económicamente hablando no se notan en Melilla las bondades de los nuevos tiempos.

A nivel familiar es otra cosa. No es sólo el alivio emocional de reunir familias separadas sino que la gente puede comprar del otro lado, lo que de éste no puede permitirse.

En junio, se incorporan 33 policías a la plantilla de Melilla, lo que significa que hemos abierto con la frontera coja de personal, pese a que se ha dicho lo contrario. Han tenido que ser los sindicatos policiales los que den la voz de alerta porque hay noches en las que solo hay tres policías para vigilar una frontera europea.

Todo lo que se ha hecho en Melilla es mejorable. Salta a la vista que la frontera abrió y nos cogió con todos los deberes por hacer. Y detrás de esa ineficiencia está el caos con las colas para vacunarse, para sacarse el pasaporte o para cruzar a Marruecos.

Dos años se le han quedado cortos a la Delegación del Gobierno para tenerlo todo listo. No les ha dado tiempo a organizar lo que se sabía que tenía que ser organizado. Aún así, la fluidez entre semanas en la frontera, es una realidad y el caos circulatorio y las largas esperas se concentran solo en viernes y domingos.

Esta situación nos alerta de que vendrán tiempos difíciles con la Operación Paso del Estrecho, pero es bueno para nuestro puerto y para nuestra ciudad. Es un vino amargo que habrá que tragarse porque significa entrada de dinero a Melilla.

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