Editorial

Tender la mano

  • Los Servicios Sociales ya se han puesto manos a la obra, pero la ayuda nunca está de más

Su casa ardió. Ocurrió el pasado martes en el ­barrio de Calvo Sotelo. El Faro cubrió el desastre y respiramos aliviados cuando comprobamos que sólo había que lamentar pérdidas materiales.

Ésta es la historia de una familia melillense que fue rescatada de las llamas. Pero también es la historia de Nayi, una vecina suya, de visita en Melilla, que se atrevió a entrar en la vivienda siniestrada y sacar a un niño en medio del fuego.Y no sólo eso: también se llevó consigo una bombona de butano para evitar una explosión y que el daño fuera aún mayor.

Otro vecino de la calle Alférez Bravo Rueda se adentró también en la casa y sacó al padre y a otro niño. El cabeza de familia tiene quemaduras de segundo grado en los brazos. Su hijo mayor, una herida con puntos en un pie. Su casa quedó completamente devastada por las llamas.

Porque a eso nos referimos cuando hablamos de que sólo ha habido daños materiales. Queremos decir que el padre, la madre y sus cinco hijos (cuatro niños y una niña) están sanos y salvos, pero en la indigencia.

De su casa no queda nada en pie. Las llamas lo calcinaron todo. No tienen ropa, ni libros. Nada. Toda su vida se ha reducido a cenizas.

Fue ayer la cepemista Fatima Mohamed Kaddur la que compartió por WhatsApp un mensaje que circula por las redes sociales pidiendo ayuda para esta familia  melillense que se ha quedado sin nada, rodeada sólo de cuatro paredes con hollín.

Según explican, necesitan mantas, ropa, alimentos, libros de tercero de Primaria... Es ­evidente que cualquier ayuda será bienvenida, por eso desde El Faro queremos animar a nuestros lectores a que le echen una mano a esta familia que lo ha perdido todo.

Hay que aclarar que los Servicios Sociales ya se han puesto manos a la obra, pero la solidaridad nunca sobra ni está de más.

Todos sabemos que Melilla está apagada. La ciudad está con el ánimo por los suelos. Muchos miramos con incertidumbre hacia el futuro, como aquel que se asoma a un precipicio. Pero incluso en momentos como éste hay que sacar fuerzas y, sobre todo, ganas para ayudar a los que más sufren.

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