Editorial

Siguen los perros asilvestrados

Vecinos del centro de Melilla graban una manada de perros callejeros deambulando por las calles del barrio

Hace unos días, la consejera de Salud Pública, Francisca García Maeso, comentaba en una entrevista concedida a El Faro que se estima que aún queden sueltos por las calles de Melilla unos 60 perros asilvestrados.

En la madrugada de este jueves, vecinos de García Margallo despertaron con los ladridos de una manada de perros callejeros y consiguieron grabarlos deambulando por el barrio.

Pese a las muestras de dejadez que nos ha dado la Administración, creímos en la promesa de que se iba a contratar a una empresa especializada en recoger perros asilvestrados y en el compromiso de reforzar el servicio de recogida con otro lacero. Creímos que era posible sacar de la calle, en tiempo récord, a todos los animales no controlados sanitariamente. La práctica nos demuestra que lo de gobernar y hacer las cosas bien, no es tan fácil.

Que sigamos teniendo acceso a grabaciones de manadas de perros callejeros por el centro de la ciudad significa que desde Salud Pública no están haciendo su trabajo como es debido o que el problema era mucho mayor de lo que imaginamos.

En cualquier caso, la Consejería debería tomar medidas para evitar que escenas como las grabadas en la madrugada de este jueves por los vecinos del centro vuelvan a producirse estando como está activado en Melilla el nivel de alerta 1 por rabia.

Los melillenses necesitamos saber que la salud pública está garantizada en esta ciudad; que se está haciendo todo lo posible y hasta lo imposible por sacar animales asilvestrados de la calle y que la rabia está bajo control.

Desde la prensa podemos denunciar y denunciamos, pero para conseguirlo, es imprescindible que la oposición haga su trabajo y exija responsabilidades en las comisiones de la Asamblea, donde debe debatirse estos asuntos.

No puede ser tan difícil controlar las manadas de perros callejeros en una ciudad de 12 kilómetros cuadrados, rodeada de mar y valla. Seguramente no lo es, pero para eso hace falta voluntad política y que acabar con la rabia se convierta, de verdad, en una prioridad para el Ejecutivo melillense.

Los vecinos pueden y van a seguir denunciando. Salud Pública tiene que dar explicaciones y solucionar de una vez el problema.

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