Categorías: Sociedad

SIGRE, una década de recogida de medicamentos inútiles y aprovechables

Llega el frío, las gripes y las faltas de defensas naturales y quien más quien menos se va a su botiquín doméstico ‘a ver qué encuentro’…

Pero va a encontrar, en la mayoría de los casos, medicinas inservibles o caducadas que no tienen por qué engullirse ni echarlas a la basura porque SIGRE es un programa sanitario y medio ambiental que trata de reciclar esas sustancias que hemos comprado en la farmacia y que ya no sirven. Gracias a la iniciativa de la industria farmacéutica y a la colaboración de las farmacias y de la distribución del sector, el melillense ha contado con un sistema exclusivo para reciclar correctamente los restos de medicamentos y sus envases, con todas las garantías sanitarias y medioambientales.
Han pasado ya diez años desde que la Consejería de Medio Ambiente que dirigía Ramón Gavilán acogía las ventajas del programa y proponía a las farmacias melillenses la instalación de puntos de recogida con un mensaje claro: todo es reciclable, hasta las medicinas y sus propios envases y, como la cosa está malita en lo económico, lo reciclado es riqueza añadida. Así ha ocurrido en la última década y así debe seguir ocurriendo.
Hace unos años, el hoy consejero de Seguridad Ciudadana y antes director de la Residencia de Mayores, Javier Calderón Carrillo, nos confirmaba que los residentes en el centro de la calle tenían dos manías acumulatorias: la comida y los medicamentos. Y había que echarle un pulso a esas manías porque, en el caso de las comidas, podían pasarse de fecha y, en los medicamentos, podían dejar de servir por muy actualizados que estuvieran.
Téngase en cuenta que un medicamento tirado a la basura acaba en un vertedero o en una planta incineradora. En ambos casos, sus efectos de destrucción pueden ser negativos para el medio ambiente, máxime en ciudades pequeñas, como Melilla, dotadas con pocos espacios naturales. SIGRE se encarga de aprovechar lo que se pueda y, en cualquier caso, anular la nocividad de esas sustancias.
Se han cumplido 10 años y se han conseguido los objetivos del programa aunque no siempre de forma satisfactoria, según lo previsto, porque hay ciudadanos que tienen una verdadera farmacia en casa y hasta presumen. Lo que pueden tener es un auténtico polvorín para la salud, evitable a todas luces, simple y llanamente, metiendo lo que no sirve en una bolsa y dejándolo en el punto farmacéutico.

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