Opinión

¿Por dónde le entra el agua al coco en Melilla?

Puerto y el aeropuerto. Hace unos días descubrimos que aquí el relajo es universal. La gente sale por emergencias (o no) y no hay ningún tipo de control a la entrada

Esta es, sin dudas, una Semana Santa atípica. Podría pensarse que es igual de atípica que en otras partes de España, pero no es así. No hay nada que nos invite a pensar que Melilla no será sacudida por la cuarta ola de la pandemia del coronavirus si es que no estamos ya metidos de lleno en ella. El frío y el mal tiempo no ayudan, la verdad.

Usted echa un vistazo a la incidencia acumulada de la Covid-19 en esta ciudad y la cosa está para llevarse las manos a la cabeza. Es de 434,75 en los últimos 14 días: casi el doble que Ceuta (227,66) y seis veces más que Madrid (72,33).

Nuestro personal sanitario está completamente agotado y tiene motivos para estarlo. No vemos luz al final del túnel. Seguimos siendo el farolillo rojo de España y, sinceramente, no me tranquiliza el consejero de Salud Pública, Mohand Mohamed Mohamed, cuando dice que somos la comunidad que más asintomáticos detecta.

Eso no es bueno. Somos una ciudad pequeña, que tiene decretado un cierre perimetral desde el otoño pasado. Por tanto, a estas alturas necesitamos que el Ingesa asuma responsabilidades y nos diga por qué es incapaz de controlar la pandemia en Melilla.

Todos sabemos por dónde le está entrando el agua al coco: por el puerto y el aeropuerto. Hace unos días descubrimos que aquí el relajo es universal. La gente sale por emergencias (o no) y no hay ningún tipo de control a la entrada.

Oiga, usted no puede poner un neumático en una carretera de Francia sin que en la frontera la policía le pida una prueba PCR negativa. ¿Por qué no la exigimos en Melilla? Quien quiera salir, que salga, pero si quiere entrar a la ciudad, que presente pruebas de que viene limpio.

Pero nos dicen que no se pueden hacer tests a la entrada a Melilla, Ceuta, Canarias y Baleares porque el Ministerio de Sanidad no las exige a los residentes en estos territorios. Seguimos chocando de frente con la dependencia de Madrid que, en nuestro caso, se ha convertido en un lastre.

Usted mira los datos de las comunidades que tienen transferidas las competencias de Sanidad y están infinitamente mejor que nosotros incluso aquellas en las que repartieron la vacuna entre amiguetes en cuanto llegaron las primeras dosis.

La pandemia nos ha demostrado que el Ingesa no es operativo. ¿De qué sirve tener un director territorial cuando las decisiones se toman en despachos que están a miles de kilómetros de nuestra ciudad?

Los melillenses estamos haciendo frente a la pandemia como buenamente podemos. Desde que en agosto se dispararon los casos tras la celebración del Aid El Kebir, aquí no hemos tenido descanso. Nadie dimitió por esa temeridad. Y así nos va. Estamos abonados a la situación de riesgo severo. Y tan tranquilos.

Por motivos que se me escapan seguimos sin relacionar la pandemia con la economía. Mientras más tarde nos recuperemos, peor nos irá en el bolsillo. Es así de simple. No somos Madrid y no creo que si nos marcamos un Ayuso se nos llene el puerto deportivo de franceses con ganas de juerga. Nadie en su sano juicio vendría a un territorio que encabeza el ranking de contagios en toda España. ¿Por qué?

Evidentemente porque las medidas implementadas en Melilla no han funcionado. La gente no guarda la cuarentena y va repartiendo coronavirus por todas partes, sin contar con que nuestros responsables políticos han dado un ejemplo lamentable a la ciudadanía. Estamos en el peor momento, liderados de mala manera.

Tengo la impresión de que en Melilla las medidas de contención del contagio del coronavirus se publicaron en el BOME para tener la conciencia tranquila. Seguimos sin saber cuántas personas han sido sancionadas por saltarse alguna de las muchas restricciones que tenemos en la ciudad.

No hay estadísticas ni moral para presentarlas. Seguimos a la deriva, sin liderazgos claros en temas sanitarios que nos inviten a pensar que estamos en buenas manos. Nos hemos resignado a que esto sea hasta que Dios quiera porque no somos capaces de coger el toro por los cuernos y decir: se acabó el relajo.

Me asusta pensar que la frontera pueda abrir en cualquier momento. Tal y como está la situación epidemiológica en Melilla, sería un suicidio colectivo. Ahí sí batiríamos nuestros propios récords. Y mientras más irresponsables seamos, más tardaremos en apuntarnos a la nueva normalidad.

Las vacunas no avanzan y no precisamente por responsabilidad nuestra. No avanzan en ninguna parte. Lo de alcanzar la inmunidad de rebaño para verano me parece una quimera. Europa ha querido sacar músculo con una vacunación masiva en todos los países a la vez y al final hemos terminado haciendo un ridículo planetario.

Esta Semana Santa es, por tanto, atípica. Puede ser la última que pasemos encerrados o puede ser, una más en el calendario. Depende de la seriedad con que nos tomemos la pandemia. Si en Málaga pueden contener los contagios, aquí también podemos. Sólo hay que proponérselo y trabajar en ello.

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