Editorial

Otro talante y la mano tendida

Mejor que plantear una realidad paralela, fácil de desmontar, es presentar a los ciudadanos el discurso de la esperanza que se alzó en el Debate del Estado de la Ciudad.

El Debate del Estado de la Ciudad ha devuelto este viernes el tono sosegado a los plenos de la Asamblea, salvo en el momento en que se produjo un rifirrafe sin sentido, ajeno a los intereses de los ciudadanos, entre el presidente del Gobierno, Eduardo de Castro, y el diputado Jesús Delgado Aboy.

Hubo suerte de que el tono mediador de Dunia Almansouri hiciera entrar en razón a ambos, recordándoles que una cosa es una tertulia en televisión y otra muy distinta el intercambio de declaraciones en un parlamento autonómico.

El careo fue breve, pero intenso hasta el punto de entrar en consideraciones personales, alejadas de la altura del discurso que se presupone en un Debate del Estado de la Ciudad.

Incidente aparte, los melillenses llevábamos tiempo echando de menos un pleno como el celebrado este viernes, en el que cada grupo presentó sus propuestas sin entrar en el careo gratuito y el exabrupto barato.

En medio de la tormenta que sacude al Partido Popular en Madrid, el PP de Imbroda en la Asamblea mantuvo este viernes la mano tendida y el tono constructivo, algo que ya hacía falta porque en situaciones convulsas, como esta de la pandemia que estamos viviendo, los ciudadanos necesitamos saber que hay políticos con la cabeza bien amueblada que velan por los intereses de la mayoría y hacen lo posible por remar juntos en la misma dirección.

Por eso lo importante de rebajar el tono y hablar de lo que de verdad importa a los ciudadanos para evitar que, a pie de calle, los melillenses confiesen a las cámaras de El Faro que no siguen el debate del Estado de la Ciudad porque incluso les interesa más lo que le pasa a Isabel Díaz Ayuso en Madrid, que lo que se está debatiendo en nuestro parlamento.

Eso pasa siempre que el discurso político deja de confluir con los intereses de los ciudadanos a los que representa. De ahí la desafección ante el discurso polarizado que enfrenta a quienes creen que todo va bien con quienes dibujan un panorama catastrofista.

Mejor que plantear una realidad paralela, fácil de desmontar, es presentar a los ciudadanos el discurso de la esperanza que se alzó en el Debate del Estado de la Ciudad. No estamos bien, pero hay esperanzas, sobre todo, si sale adelante la reunión que el Gobierno quiere hacer la próxima semana con la oposición para buscar lugares comunes y resaltar lo que les une por encima de lo que les separa.

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