¿Nos autoconfinamos en Melilla?

Antes nos cerraron por una cuestión política o ahora no nos cierran por ese mismo motivo. ¿Estamos pensando más en la economía que en la salud de las personas?

El diputado no adscrito a ningún partido en la Asamblea Jesús Delgado Aboy ha pedido el confinamiento urgente de Melilla ante la escalada de los contagios de coronavirus, que en esta segunda ola ha superado, con creces, los 127 casos registrados de marzo a junio, durante el estado de alarma.

Se suma Delgado Aboy a la petición que el consejero de Salud Pública, Mohamed Mohand hizo el pasado 11 de septiembre, escandalizando al ministro de Sanidad de su propio partido, Salvador Illa.

Con 600 casos activos de COVID-19 es difícil explicar que de marzo a junio tuvo sentido el confinamiento en Melilla y que ahora, con casi seis veces más personas positivas, no lo tiene. O antes nos cerraron por una cuestión política o ahora no nos cierran por ese mismo motivo. ¿Estamos pensando más en la economía que en la salud de las personas?

Hemos visto cómo el propio Illa ha dado orden de confinamiento para Madrid y otros nueve municipios de la Comunidad madrileña, pero no cae en la cuenta de que en Melilla no hay recursos sanitarios para hacer frente al descontrol de la gestión de la pandemia en esta ciudad. A nosotros no nos dicen absolutamente nada. Estamos dejados de la mano de Dios.

En Navarra, por ejemplo, el Gobierno local ha recomendando el autoconfinamiento de la población. ¿Por qué no hacer lo mismo en nuestra ciudad? No le pedimos iniciativa política al tripartito. Eso sería pedirle peras al olmo. Sabemos que dan poco y cada vez menos. Nos basta con que se abran a la posibilidad de imitar a quienes lo hacen mejor que nosotros. Pero por no saber, no sabemos ni copiar.

Por otra parte, entiendo perfectamente la reticencia a devolver la economía local a un inmovilismo que daría el tiro de gracia a muchos comercios y empresas de la ciudad, que llevan aguantando la agonía como buenamente pueden. Supongo que se deberá a que un porcentaje relativamente alto de los nuevos contagios sean asintomáticos y se den en personas que no llegan, de media, a los 40 años. Si no, no tendría explicación.

Pero no se está teniendo en cuenta que la pandemia está descontrolada en la ciudad y que cuando llegue el colapso, que a este ritmo llegará, el traslado de enfermos a Málaga es lo suficientemente caro como para que intentemos esquivar la saturación de nuestras camas de UCI cuanto antes.

No quiero ni imaginarme el miedo que viven hoy las mujeres embarazadas o los pacientes con enfermedades crónicas o con cáncer de nuestra ciudad. No es fácil hacer frente a una pandemia mundial con desventaja y con una sanidad pública convalenciente. Tampoco, en una ciudad como la nuestra, donde no se nota que nuestro sistema sanitario depende del Gobierno central. Eso, en condiciones normales, debería ser algo positivo, pero en la práctica significa abandono, pocos recursos y dejadez.

Llevamos muchísimos años criticando la escasez de recursos e inversión en Sanidad en Melilla. Por añadir acidez al asunto, basta con preguntarnos ¿dónde está el nuevo hospital? Ni está, ni se le espera… de momento.

Con la que está cayendo es difícil entender por qué en Melilla nadie del Gobierno se ha planteado, al menos públicamente, los confinamientos quirúrgicos. O sea, cerrar determinadas zonas de la ciudad para acordonar el virus y que no siga propagándose. Ya vimos la experiencia de Madrid y sabemos que nos es una medida fácil de controlar. Pero la primera ola nos demostró que en casa estamos seguros: ni nos contagian, ni contagiamos.

Sin embargo, seguimos viendo gente sin mascarilla o usándola de aquella manera, con la nariz por fuera mientras se pasean por las calles. Es como si estuvieran poseídos por Donald Trump, que hasta Twitter ha tenido que pegarle un toque para advertirle de que no puede ir por ahí diciendo que es inmune al virus. Mira lo que le pasó a Jair Bolsonaro, que decía que la COVID-19 era un catarro vulgar y casi se lo lleva por delante.

Melilla tiene que hacer algo para frenar los pies a la pandemia. Es cierto que haber tenido pocos contagios en la primera ola nos hacía más vulnerables, pero hay que tomar medidas drásticas. De qué sirve el dinero cuando no hay salud. Hay que buscar alternativas para cerrar sin extender el toque de queda a los negocios. Hay que hacer un llamado a la responsabilidad ciudadana, pero sobre todo, a la responsabilidad de los políticos que nos dirigen y que hoy andan como pollo sin cabeza.

Se suponía que en esta segunda ola, íbamos a hacer uso de la experiencia que acumulamos en la primera, pero estamos pagando la novatada. No nos sentimos seguros. Esto pasará. Estoy segura. Pero cuando pase habrá que llamar a capítulo a los responsables de la nefasta gestión que acompaña a esta pandemia. Las familias de las víctimas necesitan una explicación.

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