Editorial

No nos podemos permitir que la huelga de médicos vaya a más

Quien no es capaz de dialogar, no debería estar en política. Quien no es capaz de acercar posiciones, de moderar su discurso; de incluso desviarse por el bien de Melilla; de interceder por el bien de los melillenses, no debería estar en política.

La sanidad melillense está viviendo una catarsis difícil de explicar. No es posible que en esta legislatura hayamos tenido cuatro cambios, entre ceses y dimisiones, de altos cargos en el Hospital Comarcal, concentrados en el último año y medio.

En 2018 estaba como gerente Pedro Villarroel. Luego le sucedió Antonia Vázquez, que dimitió en febrero de 2022; después vino la dimisión por motivos personales del gerente José Antonio Martínez en marzo de 2023 y ahora el cese de la directora médico en funciones, María Elisa Perlado, el 2 de junio de 2023.

Todos profesionales de dilatada experiencia, eficacia y eficiencia contrastadas y muy respetados entre sus compañeros, lo que, evidentemente, pone al Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) en evidencia porque una cosa está clara: como mínimo salta a la vista que tiene problemas para gestionar y retener el talento. Nadie ha dicho que sea fácil, pero si no se está preparado para asumir ese reto lo mejor es quitarse de en medio.

Es incomprensible que llevemos tres meses de huelga de médicos en Melilla, con daños colaterales inmensos en cuestión de lista de espera para ver a un especialista sin que, hasta el momento, ni siquiera la Delegación del Gobierno, que se ofreció para mediar, haya podido solucionar un problema que a quien menos interesa es al Partido Socialista, que es quien lleva las riendas de la gestión sanitaria en nuestra ciudad.

La Dirección Territorial del Ingesa siempre ha sido un clavo ardiendo. Lo fue en tiempos de Francisco Robles, cuya gestión quedó marcada por los efectos de la frontera abierta de par en par y la saturación que esto produjo en la atención sanitaria en Melilla que, calidad aparte, estaba masificada hasta rozar límites inimaginables. Pero ni siquiera en esas circunstancias vivimos esta cascada de dimisiones y ceses que dejan entrever una intransigencia a la que no puede agarrarse ningún político, sin llevarse por delante eso que Zapatero llamaba "el talante".

Quien no es capaz de dialogar, no debería estar en política. Quien no es capaz de acercar posiciones, de moderar su discurso; de incluso desviarse por el bien de Melilla; de interceder por el bien de los melillenses, no debería estar en política.

No nos podemos permitir que este conflicto vaya a más. Urgen solucionarlo por el bien de la sanidad de esta ciudad. Los pacientes no nos merecemos este terrible espectáculo.

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