Esta semana Melilla se ha visto conmocionada por la muerte de un vecino, diagnosticado de una grave enfermedad tardíamente, según se ha publicado.
Sintiendo este fallecimiento y el dolor de sus familiares y allegados, habría de puntualizarse alguna cuestión sobre la asistencia sanitaria que recibimos.
Suele confundirse un error del profesional que nos presta esa asistencia, con una deficiente asistencia por la precariedad de los medios materiales y humanos de la Sanidad pública.
Si en el primer caso habría una responsabilidad personal de ese profesional, en el segundo la responsabilidad, en primer lugar, sería de las autoridades públicas responsables de la gestión y, en último extremo, de la ciudadanía, que con nuestro voto elegimos unas opciones políticas, las cuales optan por destinar más o menos recursos a la Salud pública.
Igual podríamos decir de la Enseñanza o Seguridad públicas, y del interés que tenemos la ciudadanía y las autoridades en que cualquier servicio público se cumpla con eficacia.
Todos estos servicios tienen amparo en nuestra Constitución y, concretamente, su artículo 43 reconoce el derecho a la protección de la salud, siendo responsabilidad de los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios.
Pero lo cierto es que tanto la salud como otros servicios públicos llevan una carrera hacia la privatización, que pone en riesgo este derecho constitucional y, por ende, la salud y la vida de las personas.
Vemos diariamente noticias sobre las ingentes cantidades de dinero público que se destinan a la sanidad privada, a potentes grupos sanitarios, muchos de ellos, si no todos, en manos de fondos buitre, cuyo fin es el lucro; mientras se restan estos recursos a la Sanidad pública, cuyo fin constitucional es la protección de la salud de toda la ciudadanía, sin añadiduras.
Es importante tomar conciencia de estos hechos, porque está en manos del conjunto de la ciudadanía optar entre servicios públicos o privados, algo que, como vemos, es la diferencia entre la vida y la muerte.
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