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La ecuación de la OPE

Prácticamente a la mitad de la temporada estival, la Operación Paso del Estrecho (OPE) ya se deja sentir en Melilla en todo su esplendor.

Todas las partes implicadas en el complicado trasiego de vehículos por nuestra ciudad con destino a Marruecos han puesto ya sobre la mesa sus puntos de vista sobre este asunto. Ayer mismo, los dos principales sindicatos policiales en nuestra ciudad, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la Unión Federal de Policía (UFP) aseguraban que, pese a que no es competencia de este Cuerpo, sí que consideran, como parte implicada en la OPE, que sería conveniente encontrar rutas alternativas para el tránsito de vehículos y organizar las colas que se forman en El Real para cruzar la frontera de Beni Enzar.
Se trata de una consideración que llega después de numerosas quejas por parte de los vecinos de este barrio, que ven cómo la llegada de coches que quieren pasar al país vecino dificulta su día a día y condiciona desde el hecho de moverse en coche por la zona hasta sus horas de sueño.
Pitidos, discusiones y demás ruidos hacen imposible ciertas noches que los residentes en El Real puedan descansar en condiciones normales, algo que desespera a estos ciudadanos.
El delegado del Gobierno, Abdelmalik El Barkani, ya se pronunció sobre este hecho la semana pasada. Aseguró que es complicado gestionar la gran afluencia de pasajeros que simplemente pasan por Melilla para ir a Marruecos y allí encontrarse con su familia en vacaciones.
Sin embargo, no hay que dejar de lado un detalle importante: cada vez son más los pasajeros de la OPE que eligen nuestra ciudad como puerta de entrada a África. Si escogen Melilla y no localidades marroquíes, será por algo. Seguramente la calidad de las instalaciones portuarias o la de los propios buques que llegan a nuestras tierras sean una razón más que suficiente para decidir tomar un barco hasta la ciudad para cruzar luego a Marruecos.
Sin dejar de lado este detalle, es cierto que hay por delante una compleja labor para conjugar no sólo seguridad y fluidez en la frontera, sino también  tranquilidad vecinal. Esperemos que la experiencia sea un grado y que, este verano y los sucesivos, se pueda llegar a un equilibrio entre la demanda de los viajeros que eligen Melilla y las ansias de paz de los vecinos, despejando así esta compleja ecuación.

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