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La acuarela amable de Francis Alemany

No es fácil escribir de la obra de un amigo. Intentaremos la abstracción crítica para analizar su modalidad pictórica preferida: la acuarela. Francis Alemany no es sólo la cara amable que comparece a diario en Televisión Melilla, él tiene otra cosa amable, su acuarela. ¿Cómo puede ser amable una acuarela?. Sabido es que el artista trabaja con pinturas y con agua, de ahí lo de ‘aqua…rela’. Pero se puede trabajar con muchas texturas y muchos tonos. Normalmente las tonalidades suaves o pastel priman por el homenaje al agua pero con la precaución necesaria de la garantía del trazo y su perdurabilidad, por eso y por la pulcritud de la mezcla, el cogerle el punto tiene un resultado final: la amabilidad de la obra.
Alemany no es exclusivista ni localista aunque pinta lo que ve y ve muchas cosas en Melilla pero su imaginación, inacabable, le lleva a invadir terrenos que sólo él conoce o se le ocurre plasmar en un lienzo. Procesiones, murallas, costa…cualquier asunto que le llame la atención y vea, de inmediato, en ese momento, plasmado en una acuarela siempre amable. Pinta para él pero, oiga, está dispuesto a ganar unos cuartos, aunque sólo sea para costearse la vocación. Para ello se sirve de las paredes del atelier de su hermana, Adela, en la calle de O´donell.
Esa mezcla de pinturas y H2O que domina a la perfección, permite confirmar la perfección del trazo y la perspectiva de las imágenes curradas en su obra. Firma todos sus trabajos e, incluso, se permite incluir algún comentario corto y no exento de ese humor británico que suele acompañarles en todas las facetas de su vida. ¿Acaso por ese carácter amable derivado de su fino humor hace amable a su obra pictórica?. Pues seguro porque el pintor plasma lo que siente. El mismo Goya y Lucientes realizó lo mejor de su colección cuando vivía en perfectas condiciones, rodeado de la realeza y bien pagado. Vinieron otros tiempos convulsos y debutó en la ‘pintura negra de Goya’, una modalidad agresiva, reivindicativa que le acompañó hasta sus últimos días. Estaba asqueado.
Francis Alemany tiene pocos motivos para sentirse ‘asqueado’, todo lo contrario. Suele conformarse y ser feliz abriendo los ojos cada día y sabiendo que los suyos hacen lo propio. Lo demás es secundario.
El inicio de cada mañana en las condiciones relatadas anteriormente dibuja –ya que de pinturas hablamos- un horizonte esperanzador en todos los sentidos: la relación humana, la profesional y en la creación artística, esa que no se quita el hombre ni con aguarrás porque, vaya donde vaya, lleva el bolso de su arte por si las moscas.
Cualquier periodista ha de tener una parcela cerebral destinada a la creación porque escribirá, hablará o comparecerá sintiéndose capaz de comunicar cosas nuevas y siempre bien hechas. La acuarela amable de Alemany puede que trascienda a su propia vida y la marque con una personalidad inconfundible.

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