Editorial

Hacer un hueco a la esperanza

Qué mejor que la Navidad para tender la mano al prójimo; para ayudar a quienes nos necesitan; para celebrar con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo que llegamos juntos hasta aquí.

Tradicionalmente en esta época del año los precios se disparan. Sin embargo, en esta ocasión a la subida de siempre hay que sumar una inflación desbocada. Eso significa que los melillenses vamos a despedir 2022 con los precios más caros que nunca. Hablamos de un calamar a 20 euros o un rape a 16 euros en la plaza de abastos.

Es cierto que los alimentos están caros en todas partes, pero también es cierto que somos la sexta autonomía más inflacionista de España. Si bien pagamos menos por la factura de la luz, las bebidas alcohólicas o los combustibles también es cierto que el encarecimiento del transporte desde la península hace que productos como el pescado o la fruta y la verdura multipliquen varias veces su precio desde que salen del mar o del campo hasta que llegan a las mesas de los hogares de Melilla.

Por eso la cesta de la compra está hoy por las nubes en una ciudad donde comer siempre ha sido barato.

Los expertos avisan que lo peor de la inflación ya ha pasado, pero también advierten de que en el corto plazo no se notará un descenso en el precio de los alimentos. Nos queda por delante un camino que está siendo especialmente tortuoso para las familias en riesgo de exclusión que aquí, desgraciadamente, son muchas.

No tenemos en Melilla un invierno severo y eso ayuda a mantener a raya la pobreza energética de quienes pasan frío porque no se pueden permitir pagar la factura de la luz si encienden la calefacción.

El año está a punto de cerrar. No podemos decir que este 2022 haya sido más difícil que los dos anteriores porque venimos de la pandemia; las restricciones; los ingresos hospitalarios y peor aún, del duelo que ha dejado el coronavirus en las familias de nuestra ciudad porque desde marzo de 2020 el covid se ha llevado a 168 melillenses.

A pesar de este año tan difícil; a pesar de los precios descontrolados; a pesar de los pesares debemos hacer un hueco a la esperanza. Qué mejor que la Navidad para tender la mano al prójimo; para ayudar a quienes nos necesitan; para celebrar con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo que llegamos juntos hasta aquí.

Hemos dejado atrás el coronavirus cuando parecía imposible superar algo así. Ahora hay que dejar atrás la inflación y mirar con esperanza hacia el futuro.

Esta semana es el Sorteo de la Lotería de Navidad y quién sabe si el Gordo, después de tanto esquivar a Melilla decide dejarse caer por la ciudad. Un baño de millones sería una bendición que necesitamos todos. Este puede ser nuestro año. El año de Melilla.

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