Soukaina, embarazada de ocho meses, su marido, Issame, y su hijo, Haitam, de poco más de dos años llevan viviendo desde el pasado miércoles a las puertas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Rodeados de plásticos y basura, demandan a las autoridades que intercedan en su caso y tengan en cuenta el avanzado estado de gestión de la mujer para no dejarlos en la calle.
Soukaina, de 21 años, y el niño estaban residiendo en el CETI desde el pasado 10 de julio, aunque ya habían estado en una ocasión anterior en estas infraestructuras, a donde la familia llegó a finales de 2017.
Fuentes próximas al CETI aseguraron a El Faro que se les ha denegado la solicitud de asilo en las dos ocasiones en las que la han demandado. La primera de ellas fue a la familia completa. La resolución de la segunda se comunicó el pasado miércoles 25 de julio, informándoles de que se denegaba el ingreso en el centro a la mujer, siendo extensiva también al niño. Cuando se presentó esta segunda solicitud, no se pedía la entrada de el marido, que se requirió posteriormente.
En la solicitud denegatoria de ingreso se argumenta que Soukaina abandonó el CETI de Melilla “de forma voluntaria y sin comunicación” el pasado febrero y no formalizó en tiempo y forma la solicitud de asilo presentada en frontera.
Como consecuencia de esta denegación, tienen orden de expulsión a Marruecos y la mujer lamenta que no se tenga en cuenta que está embarazada. La familia se queja de que hay muchas personas “sin papeles” y que roban en las inmediaciones del CETI pero que sin embargo, están viviendo dentro del CETI. “Y nosotros, que somos una familia, estamos aquí fuera”, lamentan.
Durante estos días, la familia está sobreviviendo gracias a los alimentos que los residentes del CETI les sacan en secreto hasta el improvisado hogar que han montado en una tienda de campaña.
Issame, de 29 años, piden a las autoridades que hagan algo por ellos y aseguran que no hay humanidad en el CETI, donde dicen que no se les ha prestado ayuda a pesar de sus circunstancias. “Mi mujer está embarazada. Si le pasa algo a ella o al niño, la culpa será de los responsables del CETI”, señala.
Por su parte, desde el centro, puntualizan que todavía pueden interponer recurso frente a la resolución denegatoria ante la Secretaría General de Inmigración y Emigración.
Las citadas fuentes recuerdan que la mujer estuvo ocho meses en el centro y luego se volvió a Marruecos, regresando después de nuevo a nuestra ciudad.
El hombre explica que solicitó la protección internacional porque en su país tuvo un problema con una persona y la policía lo buscó, aunque no aclara los hechos que ocurrieron.
Desde el CETI aseguran que ya no los pueden ayudar. No obstante, dado el avanzado embarazo de la mujer y que tienen un niño pequeño, recomiendan a esta familia que acuda a Servicios Sociales de la Ciudad en busca de apoyo.
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