El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha vuelto a tender la mano a Marruecos para convertirse en puente entre el país magrebí y la Unión Europea.
Lo ha hecho en Praga, durante una reunión informal de ministros europeos de Exteriores. En respuesta a una pregunta de la agencia EFE, Albares manifestó la voluntad de nuestro país de convertirse en puente de una relación que sea mutuamente beneficiosa, sobre todo, en estos momentos en que Marruecos ha roto relaciones con Túnez y mantiene su enemistad histórica con Argelia.
Podría decirse que Marruecos está solo contra el mundo y el ministro Albares le tiende la mano paraque nuestro país vuelva a ser lo que siempre ha sido, el país que le abre las puertas a Marruecos en la Unión Europea.
Pero para que eso ocurra, Rabat debe repensar la línea extremadamente rígida de su política exterior, porque si sigue por este camino se quedará solo.
Pero España no puede volver a ocupar su lugar de benefactor de Marruecos, si las relaciones bilaterales no avanzan por el buen camino para los dos países. Sería inaceptable que abramos las puertas de la UE al tomate y el pescado marroquí, en detrimento de nuestros productos para que luego la Marina Real marroquí intente convencer por las bravas a los propietarios de barcos de Melilla para que amarren "gratis" en el Atalayón y abandonen el Puerto Deportivo de la ciudad.
El ministro marroquí Naser Burita, nombrado expresamente por el rey Mohamed VI, se ha tomado la libertad de cancelar una reunión con el comisario de Exteriores de la UE, Josep Borrell; ha retirado la embajadora marroquí de España tras el conato de Marcha Verde sobre Ceuta en mayo de 2021; llegó a romper relaciones con Alemania por izar una bandera saharaui en un edificio institucional de uno de sus Länder (Estado federado) y ahora rompe con Túnez.
Digamos que su currículo no es el de un diplomático abierto a la negociación y el diálogo sino más bien lo contrario. Eso, sin dudas, afecta negativamente la imagen de Marruecos en el mundo. Ya no es solo uno de los principales emisores de emigración a Europa sino que, además, va camino de convertirse en un foco de conflictos en África.
La política exterior del Marruecos actual no ayuda a la estabilidad política en el continente, pese a sus denodados esfuerzos por seguir cuidando las fronteras del viejo continente.
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