Opinión

El plan de CpM para reformar el Estatuto de Melilla

Mucho me temo que éstamos haciendo planes a largo plazo y ante nosotros tenemos un desafío mayor: el presente. Pero por alguna parte hay que empezar

He leído con interés la propuesta de CpM para reformar el Estatuto de Melilla y, de entrada, me gusta que al menos tengan claro la necesidad de reformarlo y que, además, tengan la bondad de decirnos cómo les gustaría hacerlo. Así, por ejemplo, coincido con Mustafa Aberchán en que en una ciudad como Melilla, donde la política está judicializada, los diputados de la Asamblea necesitan el aforamiento, que está desapareciendo de muchas autonomías. Eso pasa, en mi humilde opinión, porque en otras partes de España los cargos electos tienen un mínimo de sentido común y sólo denuncian cuando tienen indicios claros de la comisión de un delito y no sólo por el placer de sacar del juego a un adversario al que su partido, como es natural, le exige que esté por encima del bien y del mal. Sin embargo, una cosa es aforar al estilo del Congreso, que en el artículo 10 de su reglamento garantiza la inviolabilidad del diputado aún después de haber cesado en su mandato por las opiniones vertidas en el ejercicio de sus funciones y otra cosa es ir más allá y pretender que los diputados de Melilla también tengan inmunidad y no tengan que responder ante la justicia por los votos que hayan emitido durante el tiempo que han estado al servicio a la ciudadanía. Creo que al plantear esta condición se pretende eximir a los diputados de la responsabilidad que se le presupone a la hora de emitir un voto. Imagínese, por ejemplo, que acabada una legislatura nos enteramos de que un parlamentario ha beneficiado con su voto a su familia o a sus amigos o a un empresario que le ha pagado una comisión como la del 3% que hundió a la antigua Convergencia y Unión. ¿Por qué íbamos a querer blindar a ese diputado para que no responda ante la justicia? Me maravillo cada vez que escucho a un político justificarse con que emitió un voto o firmó tal o cual decisión sin tener conciencia de lo que estaba haciendo. Vamos a ver, les pagamos sueldos altos, con pagas extra y complementos a punta pala y todavía tenemos que disculparlos por no enterarse de lo que avalan con su voto o su firma. Sencillamente, inadmisible. Volviendo a la propuesta de Aberchán, me gusta que proponga que el presidente de la Ciudad no sea por defecto presidente de la Asamblea. Todo lo que evite la concentración de poder, me parece fenomenal. En cambio, creo que se le debería dar más vueltas a la propuesta de modificación del organigrama que ha presentado CpM y que contempla la figura del presidente y dos vicepresidentes de la Asamblea. Entiendo que en los tiempos de pluripartidismo y gobiernos de coalición que corren podría equilibrar la balanza de poder. En todo caso la vicepresidencia primera y la vicepresidencia segunda que tenemos ahora es lo que tienen en otros parlamentos autonómicos y nadie ha convertido esto en motivo de reivindicación. Por eso digo, que merece someterlo a un debate sosegado. Me gusta, obviamente, todo lo que ayude a preservar la lengua amazigh porque pese a que ya está protegida por la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, en la práctica la mantienen viva los hablantes. Creo que se puede hacer más por ella sin convertirla en elemento de confrontación y teniendo en cuenta que no es una lengua oficial por lo que no puede ni imponerse ni penalizarse en el sistema de enseñanza o en cualquier otro tipo de servicio público. Se me ocurre que deberíamos convertirnos en un sitio de referencia para la enseñanza y el estudio no sólo del amazigh sino también de la lengua hebrea. No basta con protegerlas sino que, además, podríamos hacer bandera con ellas. Deberían ser un orgullo de todos: de los que sí y de los que no. En fin, que creo que la propuesta cepemista es un punto de partida. Los de Aberchán tienen claro lo que quieren hacer, pero no me queda claro qué quieren los demás. Desde el PP nos han dicho que presentarán su propuesta como Proyecto No de Ley en el Congreso, pero eso no implica que se vaya a modificar el Estatuto de Autonomía. En todo caso, creo que no podemos esperar a que algún partido consiga la mayoría absoluta para que saque adelante una reforma que necesitamos como el comer. Sería una proeza aprobar un acuerdo de mínimos que contente a todos en el actual panorama de fragmentación parlamentaria. Es difícil, pero no es imposible. Para ello hay que tener mucha cintura y dialogar, llegar a acuerdos y de esa forma, demostrar al electorado que, por encima de todo, se tiene vocación de servicio público.

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