Categorías: Opinión

El discurso del presidente de la Ciudad

¿A dónde va Melilla? ¿A dónde vamos?”, se preguntó ayer el presidente de la Ciudad en su discurso de investidura como primera autoridad local, para seguir hilvanando una detallada exposición que, como señalamos en nuestra información principal del acto de ayer, se centró en la necesidad de combatir el paro y buscar alternativas económicas, como principal objetivo de futuro para lograr un mejor porvenir y una mayor estabilidad política y social en nuestra tierra. El discurso de Imbroda no entrañó ningún tipo de sorpresas. Fue sensato y ajustado a una realidad incontestable, marcada por el peso de las cifras y la disección de los problemas principales de Melilla, tal cual son el desempleo en primer término, los déficits y carestías en nuestros transportes y comunicaciones con la Península, los desequilibrios sociales y la falta de cualificación de nuestros parados y alto índice de fracaso escolar en un gran porcentaje de nuestro alumnado.
Una radiografía con la que es difícil no estar de acuerdo y que, por tanto, constituye un punto de partida para la necesaria concordia que exige la ciudad, no sólo entre los distintos grupos políticos que conforman nuestra Asamblea, sino entre las distintas administraciones públicas que intervienen en la gestión de nuestros intereses colectivos.
Imbroda se mostró “ilusionado” y “agradecido” por poder renovar una vez más su compromiso como presidente de “todos los melillenses sin distinción” y aunque no pudo pasar por alto los retrasos en el renovado engranaje de nuestra principal institución, a causa de una impugnación electoral que, tal cual dijo, ha intentado “empañar en algo la nitidez, claridad y rotundidad” con que los melillenses se expresaron el 22-M en las urnas, también tuvo palabras de aproximación a una oposición que ayer no dejó de arropar con su presencia su investidura como presidente, aunque sin la presencia en el acto de sus principales líderes, caso de Aberchán y Muñoz. El primero, al parecer, por encontrarse de vacaciones, y el segundo por su concurrencia al comité federal del Partido Socialista en Madrid. En cualquier caso, tanto el PSOE como CpM o PPL estuvieron muy bien representados, en aras a ese entendimiento necesario que también requiere de los oportunos gestos.
El discurso de Imbroda, en mi opinión, fue completo y detalló lo que ya se sabe: que el Gobierno local del PP aspira a trasformar la ciudad con medidas de distinta índole que buscan desde iniciativas fiscales hasta grandes inversiones económicas, con el fin principal de crear empleo, atraer la inversión privada y combinarla con un fuerte apoyo estatal, capaz de servirnos también de respaldo ante Europa para mantener las ayudas de la UE que tan decisorias han sido en los últimos 20 años en la trasformación y el progreso de Melilla.
No faltó por tanto la petición de apoyo al proyecto de ampliación del puerto, ni el recordatorio de la hoja de ruta marcada conjuntamente con el Gobierno de Ceuta para hacer nuestra fiscalidad más atractiva y efectiva.
La investidura ayer de Imbroda como presidente se ajustó a lo esperado y se celebró con entusiasmo por los más de 200 invitados que acudieron al acto.
El momento más emotivo lo marcaron las palabras en recuerdo de sus padres ya fallecidos, que en anteriores ocasiones similares siempre pudieron acompañarle.
Finalmente, con un Gobierno más reducido que, según se anunció, tomará posesión mañana lunes por la tarde, la tarea por realizar es ardua y compleja, porque más allá del continuismo en la necesaria estabilidad política, de lo que Imbroda conceptúa como la “política de cercanía a las personas” o de las medidas para lograr alternativas económicas y de futuro, está claro que estos cuatro años por delante van a ser decisivos para afianzar la Melilla de este nuevo milenio; para acabar de una vez por todas con las distinciones entre melillenses y con las extremas diferencias económicas que siguen creando una peligrosa brecha en nuestra sociedad.
Como digo, creo que su discurso realizó un acertado diagnóstico de nuestra realidad que, junto a las recetas expuestas a modo de solución de nuestros problemas, constituye un punto de partida válido para la cooperación y el entendimiento entre las distintas fuerzas políticas. Ahora sólo falta que la nueva Asamblea empiece a trabajar y, si es posible, que lo haga al unísono, desde las lógicas divergencias pero sin inútiles enfrentamientos personales.

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