Fiel testimonio de ello ha quedado en lugares como el acceso a la playa de la Alcazaba, cuya rampa de hormigón fue levantada por el intenso oleaje y quedó, literalmente, hecha pedazos.
La furia del mar se padeció especialmente en el litoral de Aguadú, donde se registraron olas de hasta 14 metros que dañaron la planta desaladora. Aunque quizá lo más llamativo fue el hecho de que las aguas de Alborán engulleran la playa del Hipódromo, donde ya no queda arena, sino sólo rocas. El consejero de Medio Ambiente, Manuel Ángel Quevedo, no se anduvo con rodeos a la hora de describir lo ocurrido en ese espacio: “Ha desaparecido”, señaló el responsable de Medio Ambiente.
El temporal no sólo ha borrado del mapa esa playa, sino que además ha dañado las redes de agua que abastecen las duchas y los lavapiés de la zona.
Algunos de estos desperfectos tendrán que ser rehabilitados por los Servicios Operativos, pues, de acuerdo con Manuel Ángel Quevedo, hay arreglos que no pueden esperar a que se lleve a cabo el proceso de licitación pública por el largo tiempo que ello conlleva.
La dura embestida del mar ha dejado su huella en nuestro litoral. Sin embargo, la Ciudad se dispone a trabajar duro para que las costas vuelvan a la normalidad y todos podamos disfrutar de ellas.
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