Dos fotógrafos con dos visiones de Nueva York

Chema Artero expone una colección de instantáneas suyas junto a otras de su abuelo. Son fotos tomadas en la ciudad de los rascacielos en 2015 y 1973 respectivamente.

El Museo Ibáñez de Arte Español Moderno y Contemporáneo de Melilla expone desde ayer y hasta el próximo 18 de este mes la muestra de fotografías ‘Objetivos cruzados’, que reúne 16 imágenes tomadas en Nueva York el año pasado por el joven fotógrafo Chema Artero (Almería, 1981) y otras 16 que hizo su abuelo, José María Artero, hace más de 40 años, también en la ciudad de los rascacielos.

La idea, explica Chema Artero, surgió “sobre la marcha” cuando  estaba de viaje por Nueva York y quiso rescatar el archivo de su abuelo, que fue “una figura muy importante de Almería”, aunque poco conocida como fotógrafo.

Fue así como nació ‘Objetivos cruzados’, una exposición muy mimada, que retrata el Nueva York monumental, arquitectónicamente hablando, fotografiado por el abuelo de Chema Artero en 1973 y un Nueva York más callejero, el suyo, el del joven fotógrafo, que apunta con su objetivo al lado más racial, lleno de contrastes entre la soledad y el bullicio de una ciudad siempre con prisas, de rostros adustos y ceños fruncidos, pero también desenfadados y hasta amenazantes. Un Nueva York humilde, pero también de poses glamurosas, como el de una niña judía de Brooklyn o una mujer negra, de punta en blanco.

Las fotos de José María Artero (abuelo) fueron tomadas en la Navidad de 1973, durante un viaje familiar en el que su esposa y una de sus hijas se convierten en dos personajes anónimos que encajan a la perfección en las calles neoyorquinas de los setenta. Las dos miran al fotógrafo desde una cabina en una esquina de Chinatown. El nieto, en cambio, elige Little Italy, el barrio italiano de Nueva York, engullido por el avance de negocios chinos.

Dos miradas, una familia

El abuelo mira a Nueva York de abajo hacia arriba con su ojo de pez. Captura la grandiosidad de sus edificios e incluso la tranquilidad con que una ardilla merodea por una papelera.

El nieto consigue que su cámara pase desapercibida y roba el alma de la gente de a pie aprovechando un atasco o ese segundo de ensimismamiento que separa la buena foto de la que no lo es.

Melilla tiene una magnífica oportunidad para comparar el Nueva York de Obama con el de Richard Nixon. Una misma ciudad vista desde dos orillas, en dos momentos históricos distintos por una misma familia. El abuelo usó una réflex de 35 mm. El nieto, una cámara digital. El resultado: sencillamente genial.

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