Categorías: Editorial

Después del humillante 1-5 de Holanda

Esta noche la Selección Española de Fútbol puede poner fin o continuar una increíble racha de buen juego que le ha hecho merecedora de dos Eurocopas y un Mundial.

El primero de estos tres éxitos, cosechado en el campeonato organizado por Austria y Suiza en 2008, sirvió para acabar con una ristra de maldiciones protagonizadas principalmente por la infranqueable barrera de cuartos de final, la persistente mala suerte en la tanda de penaltis y el maleficio de algunas selecciones que se habían convertido en nuestras bestias negras. En aquella ocasión llegamos a la final, nos sonrió la suerte en los lanzamientos desde los once metros ante Italia y salimos airosos frente a Alemania en el último partido.
El juego de España era diferente a todo lo visto hasta entonces, pero el carácter de sus jugadores era lo que había cambiado más. Eran unos futbolistas que saltaban al campo sin complejos, no estaban angustiados por un pasado plagado de fracasos y desilusioones.
Las Selección jugó con la misma personalidad en Sudáfrica y volvió a demostrar su confianza en sí misma en el campeonato organizado por Polonia y Ucrania en 2012. En ambas citas, el fútbol de calidad contó con la imprescindible compañía de la buena suerte, determinante para  salir triunfante en esta clase de lides.
Ahora, el Mundial de Brasil ha despertado viejos fantasmas y temores entre los aficionados. El primer partido ante Holanda, en especial la segunda parte, ha recordado a aquella selección de la desilusión permanente. No acompañó la buena suerte, pero nuestro principal ‘pecado’ fue no haber sabido conservar la personalidad del equipo, aquella confianza en la victoria, la templanza en el campo de juego...
Hoy España puede volver a perder. No hay ninguna garantía de que vayamos a conseguir derrotar a Chile. Podemos sufrir el tropezón definitivo, pero no debemos volver a caer como ante Holanda. Los seguidores de la ‘Roja’ sólo podemos exigir que nuestro equipo salte al campo con valentía, que practique al mejor juego posible y que cuando el reloj indique el final de los 90 minutos, nos sintamos orgullosos de nuestra Selección, con independencia del resultado que señale el marcador.
No se puede exigir menos a unos jugadores que cuando se enfundan una camiseta representan a todo un país, con las implicaciones de todo tipo que ello representa.
La única selección que ha ganado dos Eurocopas y un Mundial de manera consecutiva tiene hoy la oportunidad de ser recordada también por haber sabido capaz levantar la cabeza de nuevo tras una humillación como la sufrida con el 1-5 de Holanda.

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