Editorial

De la ostentación de la mugre a la recuperación de nuestras zonas verdes

Sólo así pasaremos de la ostentación de la mugre a la recuperación de nuestras zonas verdes. Un árbol se tala en día, pero cuesta muchos años en crecer, en dar sombra y formar parte de la vida, los recuerdos y las emociones de la gente. Los árboles son parte de la historia de la humanidad y tenemos que tratarlos como lo que son: seres vivos que, además, nos dan vida.

El fin de semana nos ha dejado temperaturas más propias de junio que de la primavera, una estación que va camino de desaparecer. La sequía y el aumento de las temperaturas, tras un invierno que ha tardado en llegar pero que este año ha sido muy frío, suponen un reto para diseñar un futuro en el que nuestras viviendas se conviertan en refugios climáticos y no sigan siendo neveras en invierno y hornos en verano.

Europa se ha puesto como meta sembrar en 2030 el doble de árboles previsto. Hablamos de que si hasta ahora se había marcado el objetivo de plantar 3.000 millones, ahora hablamos de 6.000 millones. Es una oda a los bosques. Una deferencia con el planeta.

Lo que nos puede parecer una utopía, es quizás el único que camino que nos queda para contener la subida de la temperatura en las infraestructuras verdes de las ciudades y aparcar el hormigón y el asfalto para dar paso a la vegetación.

En Melilla tenemos unas limitaciones geográficas más que evidentes y a día de hoy no sabemos a ciencia cierta si existe la voluntad política y social de convertirnos en la avanzadilla europea y empezar a sembrar árboles donde aún hay mucho trabajo por hacer. Nos referimos a los que hoy son vertederos ilegales. Basta con recoger toda esa basura que a diario hacemos como que no existe, para repoblar esos rincones de Melilla con árboles autóctonos, que resistan los vientos de Levante y el salitre propio de zonas cercanas al mar.

Sólo así pasaremos de la ostentación de la mugre a la recuperación de nuestras zonas verdes. Un árbol se tala en día, pero cuesta muchos años en crecer, en dar sombra y formar parte de la vida, los recuerdos y las emociones de la gente. Los árboles son parte de la historia de la humanidad y tenemos que tratarlos como lo que son: seres vivos que, además, nos dan vida.

Las nuevas generaciones están infinitamente más concienciadas con esto que quienes están en tiempo de descuento para la jubilación. A unos les tocó un planeta en desarrollo y a los otros, un planeta con menos recursos, temperaturas más altas y mucho trabajo por delante. Todos estamos, a toda hora, a tiempo de rectificar.

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