La teoría de la discriminación positiva para corregir situaciones de marginación que comportan un grave riesgo para el conjunto de la sociedad a la que pertenece el sector beneficiado con esas medidas extraordinarias, no es nueva pero siempre resulta controvertida cuando se lleva a efecto. Sin duda, esa misma teoría es la que ha inspirado las medidas adoptadas por el Gobierno local para contrarrestar las altas tasas de paro y la falta de cualificación de nuestros desempleados.
Ayer se anunciaron nuevos cursos, esta vez para parados de la Cañada de Hidum, y parte de ellos para mayores de 30 años. Posiblemente ocasionarán las críticas inmediatas de los grupos de la oposición. Sin embargo, no es posible acusar a la Ciudad Autónoma de no hacer nada para contrarrestar los perniciosos efectos del alto paro que sufre Melilla y, al par, criticar este tipo de medidas. Lo deseable, no obstante, es que continúen en el tiempo y no queden en una apuesta más entusiasta por aquello de la proximidad de unas nuevas elecciones.
Hay que tener en cuenta también que se suman a otras ya en marcha, como las que vienen beneficiando a más de medio millar de jóvenes que abandonaron pronto la escuela o encuadraron el altísimo fracaso escolar que se da en Melilla.
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