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Cuando las vacas engorden

Llegauna época de ‘vacas gordas’. El presidente Juan José Imbroda augura un cambio de ciclo económico que ya comienza a ser palpable en la península, pero que aquí todavía no ha superado la categoría de augurio.

Se tiene que dar una serie de condiciones para que se materialicen los deseos del presidente, compartidos por la inmensa mayoría de habitantes de una ciudad con más de 12.375 parados, según el último recuerto del Servicio Público de Empleo. El primer requisito es que el Gobierno central cuente con recursos financieros suficientes, una circunstancia que no se daba en los primeros años de la llegada del presidente Rajoy a La Moncloa. Ahora, dentro de los límites de gasto que marca la ortodoxia de la política económica europea, son factibles de las inversiones. Precisamente, ése es el segundo requerimiento, que empiecen a materializarse esos proyectos, que hasta ahora sólo son propuestas o únicamente existen en forma de planos, estudios previos o aguardan en el fondo de algún cajón a que les llegue el momento de salir a licitación.
En tercer lugar, es necesario encontrar la fórmula para que la ejecución de las obras se lleve a cabo con mano de obra local. De nada sirve conseguir financiación para estas inversiones si los puestos de trabajo van a ser ocupados exclusivamente por cuadrillas llegadas de la península. En caso de ser así, el impacto en el alto nivel de paro que registra nuestra ciudad sería mínimo y tampoco serviría para reactivar la economía local.
Y finalmente, es necesario comenzar a idear nuevos proyectos de modo que sea posible ir enlazando unos con otros para evitar que los trabajadores de hoy estén irremediablemente condenados mañana al desempleo cuando concluya cada una de las construcciones previstas.
No hay motivos para dudar de que, como dice el presidente Imbroda, llega una época de ‘vacas gordas’. De hecho, todos los indicios apuntan en esa dirección. Pero las vacas no generan riqueza por sí solas. Hay que sacarlas a pastar cada día antes de pretender ordeñarlas. Depende de nosotros saber dar el mejor uso a esos recursos cuando los tengamos a nuestra disposición. Y sobre todo, hay que tener en cuenta que si hoy empezamos a salir de la crisis económica, tenemos que aprovechar para estar mejor preparados que en el pasado para cuando las condiciones nos obliguen tener que sobrevivir con ‘vacas flacas’. Gráficamente, la historia económica es unos constantes dientes de sierra; cuanto más tiempo permanezcamos fuera del túnel, más cerca estamos de volver a verlo todo negro.
Melilla debe gestionar este momento de bonanza (cuando llegue y si finalmente las vacas engordan) pensando en que tiene que intentar dotarse de una economía sólida y lo más independiente posible de los Presupuestos Generales del Estado.

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