Los guardias civiles vienen quejándose desde hace tiempo de las precarias condiciones en que se ven obligados a realizar su trabajo. Garitas decimonónicas en algunos casos, pequeñísimas en casi todos y desprovistas en un cien por cien de las condiciones mínimas para llevar a cabo los largos turnos de vigilancia.
Además, tampoco se atienden otras reclamaciones de sus representantes profesionales, tal cual es la de aumentar el número de efectivos destinados a los turnos en las frontera de Beni-Enzar.
En noviembre pasado, el delegado del Gobierno se comprometió con la Asociación Unificada de la Guardia Civil a poner remedio al menos a las precarias circunstancias que caracterizan las garitas destinadas a los servicios de vigilancia. Adecentarlas y dotarlas de una infraestructura mínima para que cumplan mejor con su cometido es un gasto mínimo que incomprensiblemente sigue sin abordarse.
Se comprenden las quejas de la AUCG y la convocatoria de una concentración reivindicativa para el próximo día 25. Los guardias civiles no protestarán por capricho, sus peticiones son lógicas y sensatas, y quizás sea preciso aprovechar la proximidad de una campaña electoral para lograr que actúen quienes se comprometen pero a la postre no cumplen.
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