Opinión

Una calle para Dolores Carmona Román

Querida Dolores:

Te escribo cuando aún me embargan la alegría y la emoción que sentí junto a tu familia el martes 28 de septiembre.

Tu nieto José tuvo el bonito detalle de invitarnos a Maribel Pintos, Mª Elena Fernández y a mí para vivir un momento histórico.

A él lo conocí hace algunos años cuando se adentraba en el fascinante mundo de la investigación. Tenía la maravillosa intención de escribir la historia de la Comunidad Gitana de Melilla, aún por hacer. Lo logró y ¡de qué manera!, Yo, tristemente, por circunstancias personales no pude estar el día que presentó su trabajo “Con nombre propio”. Él sabe que tanto mi madre como yo no habríamos faltado a esa cita.

Es una gran persona, con muchas inquietudes, yo siento por él un cariño especial a la par que admiración. Ambos “estamos enganchados” a la historia de Melilla y eso mi querida Dolores, une mucho.

Como abuela debes estar muy orgullosa de él y de todos sus logros. Es un luchador nato, tiene a quien parecerse ¿verdad?

Tú, mi admirada Dolores lo fuiste y mucho. Desde tu Nerja natal, donde llegaste a este mundo hace cien años, viniste a Melilla con apenas diez años con tus padres, Rafael Carmona Heredia y Dolores Carmona Cortés. Una familia muy numerosa, con siete vástagos, a los que sacar adelante.

Un día se cruzó en tu camino Manuel Heredia Carmona, tu querido “Manuél”. Tenías 14 años y él 17 cuando unisteis vuestras vidas para siempre. Poco después nacerían José, Rafael y Antonio.

Años de vida nómada para ejercer la venta ambulante por todo el Protectorado, viajando a Villa Sanjurjo, Xauen, Tetuán, Larache. Todo el día en el camino, sin comodidades, trabajando sin descanso. Así transcurrieron los difíciles años posteriores a la Guerra Civil.

Os dedicabais sobre todo a la venta de tejidos sin confeccionar, principalmente cortes de tela blanca para sábanas y percales. O para elaborar chilabas, faldas, camisetas, etc.

También vendíais en el Mercado de Abastos del Mantelete. Allí también estaban “El Tío Minuto”, “El Tío Simón” y “La Tía Torita” ¿Los recuerdas Dolores? ¡Seguro que sí!

Lo peor de esos años fue cuando Dios quiso llevarse a tu Manuel y con 36 años te quedaste viuda, con tres hijos a los que dar de comer y proporcionarles no solo un buen presente sino un futuro esperanzador.

El tiempo fue pasando y decidiste “ampliar horizontes” incorporando la confección a la venta que ya realizabas.

No cabe duda que eras una “mujer valiente, con arrojo, y decidida” que se vio obligada a tomar las riendas de su casa y sin ayuda “tirar para adelante”.

Finalizando la década de los cincuenta es cuando acometes con mayor intensidad la ampliación de tu comercio y empiezas a importar mercancías a Melilla. Vuelves a viajar, pero ahora sería a la Península, a localidades como Alicante, Granada, Málaga, Murcia, etc.

Se puede decir que el año 1973 marcaría tu vida personal y profesional. Es entonces cuando en el número 22 de la calle García Cabrelles y abres tu tienda: “Confecciones Dolores”.

¿Sabes una cosa? Yo iba con mi madre cuando era una niña. No podía imaginar entonces que muchos años después conocería, gracias a tu nieto José, la historia de aquella mujer que con tanto gracejo atendía a sus clientes, sobre todo mujeres, y menos aún que llegaría a escribir sobre ti.

¡Fuiste pionera en muchas cosas! Una de las pocas mujeres que en Melilla tenía una cuenta bancaría a su nombre. La única de la Comunidad Gitana que tenía teléfono en su casa. El mismo que estaba a disposición de todos tus vecinos.

Una vida intensa la tuya, mi admirada Dolores, una vida llena de historias y momentos, algunos no tan buenos, que han sido recompensados con este reconocimiento de tu ciudad de adopción. La que te acogió con los brazos abiertos y tu devolviste con creces todo lo recibido.

Yo he tenido el privilegio no solo de vivir este gran momento sino de conocerlo desde que comenzó a gestarse la idea porque tu José tuvo el bonito detalle de contármelo cuando estaba dando los primeros pasos.

El día que supe que Melilla, por fin, iba a dar tu nombre a una calle, me emocioné muchísimo y le escribí:

“Buenas noches

Acabo de leer que la Asamblea ha aprobado dar el nombre de tu abuela a una calle. No sabes que feliz me siento.

Ella estará muy orgullosa y sobre todo de ti. ¡Eres digno sucesor de tan gran mujer!. Mi más sincera enhorabuena.”

¡Mujer y gitana! Doble reconocimiento y doble satisfacción porque en nuestro callejero no abundan los nombres femeninos.

No quiero terminar esta carta sin darte las gracias por todo lo que hiciste, porque estoy segura que has sido un ejemplo a seguir para muchas mujeres.

Gracias también por tu maravillosa familia y por ese nieto que además de ser una gran persona, como ya te he dicho, es un músico excelente, que me honra con su amistad.

A partir de este 28 de septiembre de 2021 el callejero de Melilla se engrandece con tu nombre, el de Dolores Carmona Román. Besos al Cielo.

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